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Era un peón de auténtico diseño Staunton, que había visto ganar y perder muchas partidas de Ajedrez. No es extraño, pues, que se sobresaltara cuando echó un vistazo hacia atrás y vio que había una mole monstruosa en el tablero, en el lugar de la torre. Tardó un largo rato en recuperarse lo suficiente como para preguntarle al peón de al lado qué estaba ocurriendo.


- Ah! - contestó el otro peón. Tú has estado mucho tiempo fuera del tablero. Tienes que incorporarte a la nueva corriente, de la modernización. Eso que hay atrás de ti, es un edificio de propiedad horizontal.

- Pero: y cómo se hace para enrocar? -preguntó nuestro peón, un poco avergonzado de su ignorancia pero sintiendo la necesidad de saber (sobre este ajedrez).

- El enroque es una cosa arcaica.- Ahora, nadie vive en una torre.- Tenemos que mostrar al pueblo que el ajedrez está con él.- Por eso, también se han eliminado los caballos.-
- Han eliminado los caballos?
- Por supuesto. Los jinetes de armaduras relucientes son una tontería de los cuentos de hadas.- Ahora, cuando uno necesita protección, no recurre a los héroes, verdad?. Este es un mundo moderno. Han reemplazado a los jinetes por policías de civil en automóvil. Ya no se ven caballos de ajedrez dando vueltas por ahí.-
- Y sigue habiendo alfiles, es decir, obispos?
- Cardenales querrás decir.- Pretendemos mostrarle a todo el mundo la importancia del ajedrez.- Buenas relaciones públicas.- Ya sabes: "Hasta el Papa juega al ajedrez" y propaganda por el estilo. Claro que hemos puesto el acento en la democracia de juego: Hemos reemplazado al rey y a la reina, por el presidente y la primera dama.
- Pero cómo?!
- No te pongas nervioso: Es lo que manda la constitución. Somos el primer juego norteamericano. Los ingleses, por su parte, han puesto al primer ministro, pero conservaron la reina. Los rusos ....
Pero el resto del discurso se perdió, porque una mano tomó con firmeza al peón y lo hizo avanzar dos casillas en el tablero de ajedrez. Pensó que reflexionaría sobre todo esto más tarde, pero por ahora se sentía satisfecho. Las piezas pueden cambiar, pero el juego perdurará. Y los peones, seguirán siendo siempre peones.
¿"............"?

CROOK FACTORY



Dijeron que se estaba quedando ciego por una afección en la cornea, que sufría de trastornos nerviosos, que le acababan de diagnosticar Alzheimer. Lo cercaban algunas formas de la impotencia que no estaba dispuesto a conocer, lo cercaban otras circunstancias que estuvieron ocultas durante muchos años.
En el amanecer del 2 de julio de 1961, la escopeta de dos cañones de Ernest Hemingway fue disparada y oficialmente se presentó como un accidente desgraciado. No hubo una mínima explicación, una palabra. El ángulo del disparo tampoco permitió saber si se trataba de un suicidio. El suicidio de Ernest Hemingway.

Depresión, ceguera, Alzheimer, FBI.  Cualquiera pudo ser la causa o todas a la vez.  Lo cierto es que Hemingway vivió 1960 bajo el signo de la incertidumbre, ansioso o deprimido por la seguridad de que el FBI lo espiaba. La historia es vieja, repetida. La última vez  fue Aaron Edward Hotchner el que contó una de esas tardes: Ernest  le dijo a Hotchner que la gente del buró federal lo escuchaba, le interceptaba el teléfono y la correspondencia. Lo seguían, lo seguían.  Como los demás amigos, Hotchner pensó que Hemingway se estaba  poniendo esquizofrénico.

La muerte de Hemingway cumplió 51 años, el tiempo necesario en Norteamérica para que un presidente negro aspire a la reelección, para que la economía se arrodille y se levante tímidamente, para  desclasificar algunos documentos  secretos.

Ahora sabemos que sí, que el  J. Edgar Hoover del que ahora se filman películas, había ordenado espiar a  Ernest Hemingway porque pescaba en cuba y se paseaba por sus hoteles y comía junto a la playa. Por lo Hoover  aseguraba, era un plan para fortalecer la red anti fascista de espionaje Crook Factory.

Coletilla: A los que advierten los peligros del engaño y el fascismo siempre les diagnosticarán locura, y a veces son necesarios 50 años para saber la verdad. Otras, no se tiene tanta suerte.

MADRIGAL


Heredé un bosque sombrío donde rara vez voy. Mas llegará un día en que los muertos y los vivos cambien de lugar. Entonces, el bosque se pondrá en movimiento. No estamos sin esperanzas. Los crímenes más difíciles continúan sin aclarar a pesar de los esfuerzos de muchos policías. Del mismo modo, hay en nuestra vida un gran amor sin aclarar. Heredé un bosque sombrío pero hoy yo camino en otro bosque, el luminoso. ¡Todas las criaturas que cantan, serpentean, mueven la cola y se arrastran! Es primavera y el aire es muy fuerte. Tengo un diploma de la universidad del olvido y estoy tan vacío como la camisa que se seca en el cordel.

Tomas Tranströmer
Poeta sueco
Pemio Nobel de literatura 2011


LOS DELITOS COMO UN ESPEJO DE LA SOCIEDAD




Novela negra nórdica y denuncia social incisiva. El atentado con bomba y la matanza ocurridos en Noruega parecen extraídos de este género.
Hace un año, en una entrevista, el escritor sueco Henning Mankell, creador del detective Kurt Wallander, aseguraba: “Hay que utilizar los crímenes o los delitos como un espejo de la sociedad”. Eso ha hecho la narrativa nórdica contemporánea. Mediante la ficción, escritores de Noruega, Suecia, Dinamarca, Islandia y Finlandia han mostrado que debajo del orden y la civilización que enarbolan, perviven ciertas tendencias desequilibradas.
La novela negra nórdica, esa que en los últimos años ha generado un boom en el mercado internacional alcanzando ventas millonarias, ha forjado un retrato de la Europa escandinava. Sus historias, protagonizadas por investigadores, inspectores de homicidios, comisarios, policías, periodistas, escritores, abogados y hakers dan cuenta de la violencia social y política que existe en esas sociedades que son consideradas por muchos como “muy avanzadas” y como modélicas.
En cada historia escrita por exponentes como Sjöwall y Wahlöö, Henning Mankell, Stieg Larsson, Arnaldur Indridason, Jo Nesbø, Per Olov Enquist y Karin Fossum, entre muchos otros escritores de la ola nórdica, hay temas fundamentales presentes en el trasfondo de sus tramas: violencia social, estigmatización de lo diferente, ascenso de la ultraderecha y de grupos extremistas, falsa idea del bienestar, denuncia social y una obsesión por retratar ese mundo y sus contradicciones.
El escritor y diplomático mexicano Héctor Orestes Aguilar asegura que no hay duda de que esos países del norte de Europa tienen un altísimo nivel de civilización con un orden democrático ejemplar; pero dice que han ocultado un sustrato social violento que subyace, sobre todo en su historia reciente.
“Sabemos que esos países tienen un alto nivel de desarrollo económico, un alto nivel democrático, así como educativo y cultural, pero hay un sustrato donde se viven tensiones muy fuertes y ese sustrato sí que ha sido atendido en la literatura y el cine”, dice el escritor.
Orestes asegura que ahora hay varios escritores que de refilón o de manera tangencial abordan cuestiones como la violencia social y la violencia de género que vive en los sustratos de las sociedades nórdicas, y opina que hay un fenómeno central que parece un tópico del siglo XVIII: el hecho de que la vida cotidiana en esos países está muy marcada por cuestiones como el clima.
“El clima sí es un factor crucial; es decir, el hecho de vivir tantos meses con climas tan hostiles evidentemente termina golpeando las emociones; yo sé que es increíble que en pleno 2011 todavía tengamos que recurrir a tópicos como el clima para darnos cuenta que efectivamente hay efectos reales en la vida social por vivir en zonas geográficas hostiles”, señala.
Sustrato social violento
Se sabe que en la enigmática y aislada Islandia, una de cada diez personas puede sin problema publicar un libro en su vida; que en Noruega es factible que todo escritor reciba un sueldo vitalicio; o que en Suecia, hace más de 110 años, un grupo de trabajadores organizó su propia red de bibliotecas con la certeza de que la educación era la mejor arma frente al poder.
Hay un dato más claro que enarbolan con orgullo esas sociedades avanzadas, el hecho de que desde 1850, en los cinco países escandinavos, acabaron con el analfabetismo. Sin embargo, hay datos que refutan ese avance de la que da cuenta esta moderna literatura nórdica que muestra sociedades con una idea de bienestar en declive.
En un reportaje, en su blog, Juan Carlos Rodríguez dice que los países nórdicos tienen, por ejemplo, las mayores tasas de delitos por mil habitantes de toda la Unión Europea. El 20% de las mujeres reconoce haber vivido algún episodio de violencia doméstica y el acoso escolar causa estragos -18% en Noruega y Suecia-, según estudios.
En la primera entrega de la trilogía Millenium, titulada Los hombres que no amaban a las mujeres, Stieg Larsson ofrece cifras escalofriantes: por ejemplo, “en Suecia, el 46% de las mujeres ha sufrido violencia machista y un 92% de los abusos sexuales no son denunciados a la policía”.
Ante ese panorama, el doble atentado suscitado el pasado fin de semana en Oslo y la isla Utoya, Noruega por el ultranacionalista Anders Behring Breivik que dejó 76 muertos, fue “relatado” desde hace varios años por la novela negra nórdica contemporánea.
¿Cómo conectamos este sustrato violento de esas sociedades con los hechos del pasado fin de semana?, es una pregunta con respuesta clara para Héctor Orestes Aguilar; él dice que se conecta concretamente por el hecho de que en estas sociedades hay un sustrato de violencia social, de exclusión, de racismo y de desequilibrio que los grandes logros de esas civilizaciones han olvidado y aligerado o que dejan en las sombras.
“Pero es factible, como lo han demostrado el cine sueco y el cine danés, que por debajo del orden y la civilización persisten y perviven ciertas tendencias desequilibradas como las que llevaron al perpetrador de este atentado a disparar sobre la multitud”, señala Orestes Aguilar, autor de la novela El asesino de la palabra vacía.
Las violentas historias de la ficción
Aunque Mankell ya era un escritor muy bien traducido y leído por los lectores de todo el mundo, el éxito sorpresivo alcanzado por el sueco Stieg Larsson con Millenium -que sólo en su país (de seis millones de habitantes) vendió tres millones de ejemplares- generó un interés por importar literatura nórdica.
Verónica Flores, directora editorial de Tusquets México, afirma que en las historias de Henning Mankell la investigación de un crimen le sirve para algo más que el relato de una intriga, hay detrás una operación literaria, un retrato incómodo de una realidad social, un análisis psicológico, el acierto en la definición de una personalidad.
“El mismo Mankell defiende las historias de crímenes como herramientas para retratar una realidad social. Y aunque reconoce que hay otras maneras, insiste con que la escena del crimen puede decir mucho acerca de las contradicciones de una sociedad”, dice.
Si la editora asegura que las grandes obras del género negro reflejan con precisión fotográfica nuestro tiempo, con sus temores e inseguridades, su violencia y desconcierto, Héctor Orestes dice que escritoras como Karin Fossum y Linn Ullman “toman temas subyacentes en la edulcorada superficie de la vida nórdica para ficccionalizarlas”.
Con los escritores nórdicos, la novela policiaca se erigió en lo que es: la más certera disección de la sociedad contemporánea. Lo confirman sus historias de crímenes en lugares inhóspitas, sus resoluciones con investigación a detalles, sus protagonistas sagaces y sus autores que son críticos duros de las perversiones del sistema.
“Estos escritores anticiparon problemas que están sucediendo en nuestras sociedades hoy, como la crisis de la socialdemocracia, del Estado de bienestar”, señalaba en 2008, Diego Moreno, editor de Nórdica Libros. Y lo acontecido en Noruega le da la razón.
Yanet Aguilar Sosa
(EXTRAÍDO DEL UNIVERSAL)
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, FIJA CAMBIA PERO AUN NO DA ESPLENDOR


La nueva Ortografía de la Real Academia Española fija la denominación de algunas letras, cambia "quorum" por "cuórum" y elimina las tildes de "solo", "guion" y "o" entre números


La i griega será ye, la b será be (y no be alta o be larga); la ch y la ll dejan de ser letras del alfabeto; se elimina la tilde en solo y los demostrativos (este, esta...) y en la o entre números (5 o 6) y quorum será cuórum, mientras que Qatar será Catar.

La nueva edición de la Ortografía de la Real Academia Española, que se publicará antes de Navidad, trata de ser, como dice su coordinador, Salvador Gutiérrez Ordóñez, "razonada y exhaustiva pero simple y legible". Y sobre todo "coherente" con los usos de los hablantes y las reglas gramaticales. Por eso el académico insiste en que plantea innovaciones y actualizaciones respecto a la anterior edición, de 1999, pero no es, "en absoluto" revolucionaria. Gutiérrez Ordóñez se resiste incluso a usar la palabra "reforma".

Con todo, al director del Departamento de Español al Día de la RAE no se le escapa que los cambios ortográficos provocan siempre resistencias entre algunos hablantes. De ahí la pertinencia, dice, del consenso panhispánico que ha buscado la Comisión Interacadémica de la asociación que reúne a las Academias de la Lengua Española de todo el mundo. El miércoles, esa comisión, reunida en San Millán de la Cogolla (la Rioja) aprobó el texto básico de la nueva Ortografía de la lengua española. A falta de su ratificación definitiva el 28 de este mes en la Feria del Libro de Guadalajara (México) durante el pleno de las 22 academias, estas son algunas de las "innovaciones puntuales" aprobadas esta semana y destacadas por el propio Gutiérrez Ordóñez.

La i griega será ye. Algunas letras de nuestro alfabeto recibían varios nombres: be, be alta o be larga para la b; uve, be baja o be corta, para v; uve doble, ve doble o doble ve para w; i griega o ye para la letra y; ceta, ceda, zeta o zeda para z. La nueva Ortografía propone un solo nombre para cada letra: be para b; uve para v; doble uve para w; ye para y (en lugar de i griega). Según el coordinador del nuevo texto, el uso mayoritario en español de la i griega es consonántico (rayo, yegua), de ahí su nuevo nombre, mayoritario además en muchos países de América Latina. Por supuesto, la desaparición de la i griega afecta también a la i latina, que pasa a denominarse simplemente i.

Ch y ll ya no son letras del alfabeto. Desde el siglo XIX, las combinaciones de letras ch y ll eran consideradas letras del alfabeto, pero ya en la Ortografía de 1999 pasaron a considerarse dígrafos, es decir, "signos ortográficos de dos letras". Sin embargo, tanto ch como ll permanecieron en la tabla del alfabeto. La nueva edición los suprime "formalmente". Así, pues, las letras del abecedario pasan a ser 27.

Solo café solo, sin tilde. Hay dos usos en la acentuación gráfica tradicionalmente asociados a la tilde diacrítica (la que modifica una letra como también la modifica, por ejemplo, la diéresis: llegue, antigüedad). Esos dos usos son: 1) el que opone los determinantes demostrativos este, esta, estos, estas (Ese libro me gusta) frente a los usos pronominales de las mismas formas (Ese no me gusta). 2) El que marcaba la voz solo en su uso adverbial (Llegaron solo hasta aquí) frente a su valor adjetivo (Vive solo).

"Como estas distinciones no se ajustaban estrictamente a las reglas de la tilde diacrítica (pues en ningún caso se opone una palabra tónica a una átona), desde 1959 las normas ortográficas restringían la obligatoriedad del acento gráfico únicamente para las situaciones de posible ambigüedad (Dijo que ésta mañana vendrá / Dijo que esta mañana vendrá; Pasaré solo este verano / Pasaré solo este verano). Dado que tales casos son muy poco frecuentes y que son fácilmente resueltos por el contexto, se acuerda que se puede no tildar el adverbio solo y los pronombres demostrativos incluso en casos de posible ambigüedad", esto dice la comisión de la nueva Ortografía, que, eso sí, no condena su uso si alguien quiere utilizar la tilde en caso de ambigüedad. Café para todos. No obstante, la RAE lleva décadas predicando con el ejemplo y desde 1960, en sus publicaciones no pone tilde ni a solo ni a los demostrativos.

Guion, también sin tilde. Hasta ahora, la RAE consideraba "monosílabas a efectos ortográficos las palabras que incluían una secuencia de vocales pronunciadas como hiatos en unas áreas hispánicas y como diptongos en otras". Sin embargo, permitía "la escritura con tilde a aquellas personas que percibieran claramente la existencia de hiato". Se podía, por tanto, escribir guion-guión, hui-huí, riais-riáis, Sion-Sión, truhan-truhán, fie-fié... La nueva Ortografía considera que en estas palabras son "monosílabas a efectos ortográficos" y que, cualquiera sea su forma de pronunciarlas, se escriban siempre sin tilde: guion, hui, riais, Sion, truhan y fie. En este caso, además, la RAE no se limita a proponer y "condena" cualquier otro uso. Como dice Salvador Gutiérrez Ordóñez, "escribir guión será una falta de ortografía".

4 o 5 y no 4 ó 5. Las viejas ortografías se preparaban pensando en que todo el mundo escribía a mano. La nueva no ha perdido de vista la moderna escritura mecánica: de la ya vetusta máquina de escribir al ordenador. Hasta ahora, la conjunción o se escribía con tilde cuando aparecía entre cifras (4 ó 5 millones). Era una excepción de las reglas de acentuación del español: "era la única palabra átona que podía llevar tilde". Sin embargo, los teclados de ordenador han eliminado "el peligro de confundir la letra o con la cifra cero, de tamaño mayor".

Catar y no Qatar. Aunque no siempre lo fue, recuerda el coordinador de la nueva ortografía, la letra k ya es plenamente española, de ahí que se elimine la q como letra que representa por sí sola el fonema /k/. "En nuestro sistema de escritura la letra q solo representa al fonema /k/ en la combinación qu ante e o i (queso, quiso). Por ello, la escritura con q de algunas palabras (Iraq, Qatar, quórum) representa una incongruencia con las reglas". De ahí que pase a escribirse ahora: Irak, Catar y cuórum. ¿Y si alguien prefiere la grafía anterior: "Deberá hacerlo como si se tratase de extranjerismos crudos (quorum, en cursiva y sin tilde)". Aunque esta regla no sirve para los nombres propios, que se siguen escribiendo en redonda, del mismo modo que hay quien prefiere escribir New York a Nueva York.

MANERAS DE MATAR A UN POETA

Es tiempo de literatura, de poesía, de poetas. Por eso comparto este texto antes de la fFesta del libro. No es mío, y no tengo presente de quien es, pero lo anunciaré cuando lo sepa; solo diré con voz entrecortada por la emoción que le pertenece a la humanidad.

[Propuesta para una distinción de farsantes y poetas (por fin)]

Hay muchas maneras de matar a un poeta, desde la cruel reseña de su primer y último libro hasta el eficaz golpe de mancuerna a la altura occipital. Por naturaleza, los poetas deberían suicidarse con cierta facilidad, pero queda históricamente comprobado que son muy pocos quienes al fin cumplen y que la cobardía es un rasgo común a una mayoría significativa del gremio.

Matar a un poeta no produce en principio más satisfacción que matar a otro ser humano cualquiera, salvo en el caso de que su obra sea lo bastante abominable para correr el riesgo de ser incluida en los cánones temporales del apresuramiento. Sin embargo, todos sabemos de la necesidad humana de matar poetas. ¿Quién no ha suspirado con encono al llegar a su bar favorito y encontrarse a un poeta espurreando su prosodia manchada de experiencias vulgares y adjetivos horrísonos sobre el alcoholizado público? Pues claro que hemos abierto a veces un libro muy fino en la librería y hemos sucumbido a esa breve náusea homicida. Pero no pasamos de ahí. Porque la gente normal no matamos a los poetas, sabemos contenernos, como tampoco violamos a las supermodelos ni vendemos drogas a los niños, por atractivo que resulte ganarse así la vida. Sin embargo, no es menos cierto que siempre existen personalidades menos fuertes que ceden a sus pulsiones: la pulsión de comer, la pulsión de saber, la pulsión de matar a un poeta.

Ahora que alrededor de la poesía hay un montón de gente disfrazada cuya única intención es llevar la típica paliza de borracho amargado en la barra a un nivel superior, más indie y más esteta, se hace necesario, por si se diera el caso de ceder al impulso homicida, distinguir a quién vamos a matar y así, pudiéndose elegir, matar de ellos al menos bueno, o mejor, al peor. Ya que, si no, seguiremos otros setenta años con toda esa mandanga de escarbar en las cunetas e ir como sin dios agujereando el campo para encontrar restos pútridos de vates entonces mártires.

No caigamos en el error de juzgar a un poeta por su aspecto, aunque sepamos que todo poeta lleva sombrero o chapas o cordones fucsias o extravagantes abalorios que integra con naturalidad en su apariencia y que donde en otro veríase divismo o carencia de atención se revela aquí una personalidad genial.

Un criterio con más posibilidades para distinguir al que escribe y lee poesía del que se pretende poeta es atender a su comportamiento social. Un breve tiempo de observación en unos cuantos actos y ceremonias parapoéticas y algo de oído musical son suficientes para estas distinciones. Sin embargo, no es éste un criterio definitivo, aunque recelemos de quienes hablan mucho sobre asuntos múltiples con frases que suenan a conversaciones anteriores, porque también hemos encontrado buenos poetas con dotes sociales. Y tampoco vamos a ir por ahí fiándonos de toda personalidad divertida y luminosa.

Así que más nos vale, cuando aparezcan las ganas de matar a un poeta (y aparecen), tener muy bien leídos a nuestros contemporáneos. Claro, me diréis, pero un juicio subjetivo de la bondad de un escritor no garantiza una correcta elección a la hora de transformar a un poeta joven en un cadáver reciente. Muy bien podría, sencillamente, deciros que el juicio subjetivo ayudará, no tanto a elegir a la víctima propicia, sino a descartar a los buenos, que lo son por eso, porque no entran ganas de asesinarlos (salvo en caso de envidia manifiestamente insana). Pero esto no resulta suficiente, por lo que estamos obligados a proponer una distinción fundamental en la relación del poeta con la realidad y con el lenguaje que sirva como criba inicial, así no ignoraremos su comportamiento pero tampoco olvidaremos lo esencial, a saber, la poesía.

Como para el ejercicio de todo poder es necesaria voluntad y en función de la voluntad se puede señalar una diferencia radical entre los poetas que someten y los poetas que se someten, partiremos de esta idea. La llamaremos Propuesta de Explícita Distinción Óntica o Prueba del pedo.

Uno puede someterse al lenguaje. Puede hacer del lenguaje un dios evanescente que le sirva de espejo para una trascendencia pacata, rendirse a su automatizada pulcritud según la moda de la década con o sin palabras malsonantes o cultistas o abstractas o concretas. Es decir que uno puede someterse al lenguaje como a una carretera asfaltada de trazo plano a cuyos lados brillan y se anuncian cantautores deseando que lleve a alguna parte. Se puede someter al circuito de recitales deportivos, de premios que son recompensas y de editoriales con obscuros comportamientos y libros de cuentas.

Otro puede someter el lenguaje. Puede ejercer violencia sobre el lenguaje, como el escultor en la piedra, hasta arrancarle una forma acorde, recíproca y por tanto cierta y quizá por eso bella. Es decir que otro puede someter el lenguaje porque tiene riendas, porque todo lo salvaje empieza por la armonía y porque descubre que sólo algunas palabras son faros. Puede someter a crítica los circuitos donde se reparten las medallas los aspirantes a oligarca, engendrar espacios con ánimo vocacional y ocuparse más del arte que del espectáculo.

Insisto, se puede creer que la emoción propia es mejor, más alta y más honda que la de los otros y someterse al martirio de verbalizar lo privado para que luego otros se sometan a la tortura de escucharlo o leerlo como quien va a la casquería o al gimnasio. O se puede creer que la emoción es eso, propia, y además no importa, o importa más en contacto con la emoción del otro y que entre ambas existe un lenguaje al que someter para aliarlas.

Esta distinción, por seguridad, debe complementarse con la prueba aneja de las influencias para garantizar que el exterminio causa el menor daño posible:

Durante una conversación casual (mientras las ganas de asesinar son todavía una imperceptible aceleración cardiaca y la vaga sensación de no saber dónde poner las manos) preguntaremos al sospechoso por sus textos de referencia. Todos los poetas muertos famosos valen cero, los muertos (hace más de tres años) desconocidos puntúan uno. Los vivos famosos descuentan cero coma cinco y los vivos desconocidos que sean amigos suyos descuentan un punto. Todos los demás suman medio punto. Si la calificación no alcanza los tres puntos el sospechoso adquiere el rango de objetivo.

Seamos responsables, no sobran los buenos poetas, así que matemos bien. Asegurémonos en lo posible de que caiga primero la morralla.

LA PIELDE LAS PALABRAS

ACERCA DE LA PATRIA Y SUS PADRES



"La Patria, señora mía, me ha encomendado la tarea..." Así comienza un poema en el que el encomendado le va a entregar 5 medallas a la madre por cada uno de sus hijos muertos en la barbarie de la guerra. Y es que "Patria" es la palabra más repetida por los fascistas, porque apela fácilmente a la manipulación de los complejos y soberbias de un pueblo. Heimatland, decían los nazis, y la palabra rememora vergüenzas a las que el tiempo, con sus tonos sepia, no quita el olor de sangre en los alemanes que no reconocen en el odio como estrategia política.


La Nación es una comunidad de sueños y propósitos de seres humanos que intentan construir un destino (al menos debería serlo), mientras que patria es una excusa en la que la vida y sus razones se truecan por la pomposa solemnidad de las estatuas, los ritos, las frases tatuadas con la blanda férula de los falseados libros de historia y se institucionaliza en los medios masivos, necesitados ellos de sostener un sistema que es despiadado sinónimo de negocio.


Patria huele a uniforme, pero no a uniforme de trabajo. Sabe al adulterado aguardiente con que nos quieren hacer sentir orgullosos de ser colombianos, así el enervado canto general solo sirva para que el ruido de las balas no nos obligue a pensar en cuan cómplices somos por no hacer, por votar, por ir a buscar reconocimiento social en el restaurante del mafioso. Patria, se siente suave en la mano a un presidente que no tiene callos de disparar porque le basta la voz para aceptar y ordenar.

Tal vez en otro lugar o en otro tiempo tuvo un significado diferente (así son las palabras: mudan de piel), pero ahora, pero para mí, Patria tiene la blancura de los hongos del campo, como estos, se alimenta de los excrementos sociales, y produce la colectiva alucinación de que este es un país democrático, con un líder digno. Aunque entregando medallas no se cubra completamente el dolor ni el olor de la muerte.

La Patria es ese lugar imaginario a donde se trasladan algunos cuando sus acciones los han separado del derecho a llamarse humanos. A otros, algunos de ellos llamados Padres de la Patria, el pasaje sólo les alcanza para la Picota y la Modelo.

CONTAR EL CUENTO



Por Norwell Calderón Rojas


(FRAGMENTO DEL TEXTO DEL MISMO NOMBRE CONSTRUIDO A PARTIR DE LOS EJERCICIOS Y EXPERIENCIAS COCMO TALLERISTA)

Estas opiniones son, por encima de cualquier otra consideración, las apreciaciones de un lector y no las de un critico; calidad profesional de la que me se ajeno, no solo por falta de preparación sino también por falta de vocación. Se también que al permitírseme realizar la lectura de los estos textos, se me invitaba a la complicidad amena del lector y no al oficio – complejo oficio – del critico.
Ahora bien, como lector estoy en la obligación de hacer observaciones y en algunos casos generar juicios vinculados a mis personales preferencias. Por respeto a los autores he procurado ser responsable y directo, entendiendo que se espera de este ejercicio un mínimo esfuerzo de reflexión, sinceridad y soporte argumental a las puntualizaciones.
Aunque en general uno lee cuentos comprando boleto de un solo pasaje, una vez terminados y saboreados estos, comenzamos a auscultar las sensaciones que nos han deparado, y luego, a veces sin mucha precisión, buscamos certidumbres racionales respecto del sabor o insipidez del bocado de ideas y sensaciones que contiene un texto. En nuestros ejercicios se trata de cuentos. Entonces – para seguir con el símil de cocina – es cuando uno juega y especula sobre los ingredientes, el orden en que fueron dispuestos, el dosaje que se les asigno, el acierto de los instrumentos escogidos, el conocimiento de los gustos de los comensales, en el tiempo adecuado de cocción y el tipo de presentación mas atractiva, etc. y etc. Porque son variados los detalles y reflexiones que deben agotarse si se quiere pasar del mero gusto de leer al ejercicio de la escritura creativa.
Como en el ejemplo en que comparamos la escritura con la preparación de una cena, no es el tema (o el plato), lo principal, aunque algunas personas parecen creer lo contrario. Para mí cualquier tema es bueno desde que sea bien desarrollado. No son los temas, son las historias la que pueden ser imperfectamente contadas.
Como alquimia que es, la escritura no tiene unas reglas específicas, y sin embargo cada vez que escribimos, nosotros mismos como pequeños dioses estamos inventando las reglas de nuestro mundo. Creamos la eternidad de cinco o diez minutos cada vez que alguien abra la ventana de sus paginas y es con ese alguien, con ese indeterminado lector con el que negociamos un acuerdo silencioso.
Un pacto en el que ofrecemos un universo de reglas establecidas casi desde la misma presentación, que se percibe en el lenguaje, en la distancia del narrador con respecto a la historia, en los detalles del ambiente y las características de los personajes. Como sucede en una cinta de mafiosos, si se transgrede el pacto habrá consecuencias.
Cuando aun no estamos medianamente familiarizados con nuestra herramienta, los escritores solemos cubrir nuestras deficiencias argumentando que son un recurso de experimentación. Pero incluso esta obedece a unas leyes que deben conservarse en el texto, pues son las presentaciones y códigos con los cuales usted y el lector pueden comunicarse y delimitar el mundo de su narración. Para poner un ejemplo desde nuestra literatura, el mundo sin demasiados énfasis del Gaviero, de Álvaro Mutis, no puede transformarse en la pirotecnia del universo macondiano de García Márquez. El Gaviero nunca correrá enloquecido tras las fantasías y extasiantes locuras de José Arcadio Buendía. Si así sucediera, si en el mundo de Mutis se filtraran Melquíades, los gitanos, Pietro Crespi y las mariposas amarillas, el pacto se rompería y el lector sentiría una palpable irrealidad, que, sin embargo, no percibe en las obras de García Márquez porque en ellas el lector ha aceptado que ese mundo es así: desmesurado y cíclico.
En algunos de los cuentos que han formado parte de los diversos talleres se encuentran fracturas en el universo creado. Veamos unos ejemplos, que hemos modificado con el propósito de no incomodar a sus autores.
Uno de los talleres propuestos es el ejercicio de creación de Personajes. Y uno de los ejercicios invita a los participantes a imaginar y desarrollar historias sobre personajes históricos muy conocidos. La razón: es más fácil trabajar sobre premisas populares, acercarse suavemente a la creación de las dimensiones que componen ese ser imaginario al que llamamos personaje. Contamos con una información base: su tiempo, algunos hechos muy comentados, biografías, comentarios de nuestros conocidos y maestros. Por supuesto son de esperar diferencias de percepción e interpretación en los participantes. Si, por vía de ejemplo, se trabaja la figura de un presidente, no sería extraño que alguien lo revista de un carácter magnánimo; habrá también quien le atribuya uno perverso. Ahora bien, veamos algunos rompimientos del pacto escritor lector que se dieron en los ejercicios:

Premisa: Si un personaje es escogido por su existencia histórica, el contexto en que se desenvuelve debe conservar su lenguaje y dicción lo mas cercano a la realidad, porque de allí derivara la eficacia del efecto perseguido. Esto obviamente no se aplica cuando existe el claro propósito de alterar esa más o menos convencional certeza para el desarrollo de la trama, el efecto o los incidentes.

• En algunos cuentos, como sucedió en el que figura Fidel Castro, los personajes hablan como personas del altiplano cundí boyacense: mijo, su mercé, etc. Y no se observa en ello un propósito.
• En un cuento cuyo personaje es Hitler, el autor omitió el primer nombre (Gustavo). privando de una información (y de paso una clave), al lector. Con ello este puede sentir que, en la búsqueda de la sorpresa, el autor le hizo trampa, le escamoteo una información al cual tenía derecho dentro del juego que el escritor ha propuesto. Nuestro lector deberá ser sorprendido por la ingeniosidad de los recursos, pero debe contar con la información mínima para no ser golpeado mientras tiene una venda en los ojos.
• Si se trabaja sobre personajes ficticios (un hombre-vampiro clásico), deben respetarse – mientras no sean claramente recreadas en la narración actual – las formas y presupuestos del personaje y de la historia que el lector conoce y acepta de antemano. Por ello los rayos del sol de una de las historias no pueden aparecer sin consecuencias para el personaje. Al no introducir aclaraciones ni modificaciones en la historia, esos rayos solares deben quemar o al menos causar algún daño al personaje. Esos son los presupuestos aceptados sobre los que debemos trabajar.
• Las afirmaciones, cuando son observaciones o comentarios personales, no tienen posible replica del lector. Sin embargo, cuando pretenden conformar una verdad (dentro de la ficción de un cuento), cuando se proponen definir una objetiva fijación de la realidad dentro de la historia, no pueden tener fisuras. Es el caso de una historia sobre Batman, el hombre murciélago, cuya identidad es deducida por el Guasón. En el cuento el lector puede refutar la lógica del descubrimiento del Guasón, quien descubre la identidad de Bruno Díaz por algunos elementos encontrados en la baticueva. ¿por qué? Porque el Guasón no agotó (no tuvo en cuenta) que esos elementos podían pertenecer o ser usados por quienes, no siendo murciélagos, comparten ese espacio con Batman (Robin y Alfred).
Ahora bien, en punto de la trama es de considerar que el lector se siente a gusto donde encuentra la fragilidad de las cartas con la rigurosidad de un castillo de naipes. Un solo movimiento en falso haría caer la frágil estructura, pero ella se sostiene perfecta bajo sus leyes. Cada pieza ocupa su lugar, cada peso es calculado de tal forma que una modificación destruye, como en un cuento o poema, su conjunto. Hasta los datos ocultos son parte de la historia, como las cartas sin destapar cuentan en el juego de naipes para el triunfo final. Al igual que las leyes universales permiten predecir el lugar de un planeta que aun no se ha visto, en la literatura podemos predecir un evento principal por la sombra con que cubre los eventos secundarios. El padre violador esta en la tristeza, en la rabia, en la actitud de la victima. Es satisfactorio encontrar este hallazgo en uno de los ejercicios. No se dice nunca que Evaristo ha violado a Susana, pero todos lo vamos percibiendo poco a poco de sus encuentros.
Al escribir creamos una ficción que debe aparentar volumen. Los espectadores de la exhibición del primer corto de la historia cubrieron sus rostros o saltaron cuando vieron acercarse un tren en la pantalla. Esa apariencia de realidad (que no es la realidad), es nuestra meta. Mentirosos astutos como magos que cortan a la mitad a la modelo, no podemos dejar ver que nuestro acto es una apariencia. Solo así podremos dirigir la mirada del lector al punto que queremos, mientras nuestra asistente se escabulle bajo una cortina de palabras. La simulación ha terminado, certera en los detalles, sincronizada; pero para que funcione debemos conocer el oficio y sus trucos, “a la una, a las dos y a las...tres: las paginas baten sus alas y la historia vuela.
Mientras tanto en nuestros cuentos del taller existen olvidos a los que la historia no puede asumir sin soporte, puesto que ella misma al crear su realidad debe ser bastarse a si misma.
En el material literario de los talleres encontré que los cuentos son fundamentalmente anecdóticos y parecen pretender una sorpresa al final. Las ideas son buenas; los relatos en cambio deben ser más cuidadosos en la elaboración de la trama, tanto como rigurosos en el inventario de sus elementos.
Estoy hablando de ejemplos en los que un detalle o un objeto son claves en la comprensión o el desarrollo de la trama. Estos no pueden omitirse, dejar de ser nombrados antes de que el personaje los necesite – entregándole al lector la responsabilidad no establecida de suponer que los tiene -. En un cuento es una caja de fósforos y en otro un lapicero, ambos indispensables para solucionar la dificultad del personaje, pero que solo aparecen en el momento de encender la fogata en la isla desierta, por citar sólo el primer ejemplo.
En otro cuento el elemento ausente es la nunca señalada tacañería del personaje principal, sin la cual no serian muy claros detalles como la ausencia de jabón en su casa (siendo un comerciante adinerado) o la compra que hace su esposa en una tienda y no en un supermercado (como correspondería a su aparente estatus social). Si esta no se menciona o evidencia, el cuento se desploma por la desconexión de sus elementos. Hay algunos otros detalles similares en diversos textos.
En algunos casos se nos pasan detalles sin aparente importancia: la escritura correcta del apellido del actor Swayze, protagonista de un texto, el confundir el significado de disparos y balas (en un cuento El Capitán). Más allá de si el lector lo nota o no, el escritor no puede darse el lujo de que estos detalles aparentemente inanes sean mínimamente percibidos por quien lo lee y lo distraigan y arranquen de la magia de su narración. Más severo aun es el lector con errores como las fechas históricas (en un cuento se equivocaba el año de inicio de la segunda guerra mundial).
Como escritores tenemos la atención del lector, su tiempo. Él podría estar produciendo dinero, paseando el Malecón, viendo cine o escuchando música. A cambio de eso, el lector espera respeto. Entonces cómo no entregarle el mínimo esfuerzo de verificar los datos (históricos o no), contenidos en lo que le presenta el autor: su trabajo.
Obviamente un poco de revisión supera estas pequeñas tachuelas del texto, que sin embargo algunas veces impiden al artista conseguir el objetivo que se propuso con su obra. Es la carpintería tediosa pero necesaria a la que los lectores esperamos que sea sometido el cuento para que nos llegue sin bordes que nos distraigan.
Debemos ser humildes al juzgar nuestros textos. Si estos se leen en diez minutos y debemos explicarlos en treinta, algo en nuestra perspectiva esta fallando y no hemos logrado aclarar y transmitir. Siempre seremos aprendices de magos, pero al momento de salir al escenario la mano debe estar firme, segura. Entonces metemos la mano al sombrero blanco de la hoja y con una sonrisa empezamos a sacar un universo.
NORWELL CALDERON ROJAS

PARA... EL CAMINO


Es el camino el ritmo de los pasos
Inútil crepitar de corazones destripados
¿Para quién los subterráneos elementos
consumen huesos y tejidos?
De muertos es el camino
De insectos recurrentes con mensajes
indescifrables de colores
entre la luz ahogada y el hedor
nido de silencio corrompido

Para el camino
es la maldición de Ondina

Emilio Rodriguez

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